La mayor parte de la
arquitectura del municipio corresponde a los modelos urbanos que se han
extendido por doquier a lo largo del segunda parte del siglo XX. Sin
embargo, aún se encuentran algunos rincones que conservan el
encanto de una arquitectura
tradicional serrana. Los condicionamientos
geográficos han determinado la arquitectura tradicional de
cada lugar; en el caso de Arenas de San Pedro es clave su
situación en un entorno montañoso y en una zona
de muchas lluvias, junto con la presencia abundante de la piedra y de
la madera en sus aledaños.
Lo
mismo que la de los
pueblos
de la comarca, se caracteriza por lo que
se denomina la casa de
madera entramada. Suelen constar de una primera
planta cuyos muros están hechos de mampostería,
aunque en las esquinas y en las puertas y cajas de las ventanas hay, en
las casas más nobles, espacio para la piedra labrada.
La planta superior se
sostiene
gracias a una fuerte trabazón de maderas que soportan el
tejado, el cual suele ser de parhilera o de una sola vertiente. El
cierre entre cada uno de los postes de madera estaba hecho con adobes o
con ladrillos y, con frecuencia todo ello revocado con barro, aunque
también podían quedar las maderas al descubierto.
Si el paramento va a estar expuesto al agua de las lluvias, el revoco
se
cubre (a veces con tejas adheridas a él); En la
mayoría de los casos se protege con un solapamiento de
tablas. En los casos en que las maderas que soportan la planta
superior, si la hay, y el tejado quedan al descubierto, se produce una
bella combinación al alternar el poste de madera con la
parte de adobes. Para reforzar a los postes sobre los que se carga
el peso se colocan travesaños laterales en ingeniosas
posiciones de contrafuertes.
En la planta alta es
proverbial la presencia de una solana de madera, cubierta con los
grandes aleros del tejado cuyas funciones iban desde la toma del sol en
los día de primavera a la de secado de ropa y de frutos del
campo. Por ser zona de lluvias, el tejado se remata con un alero
bastante grande de forma que en las calles estrechas se encontraban los
tejados muy próximos entre sí.
La parte baja de la
casa, por
ser ésta además de vivienda almacén,
se encontraban las dependencias requeridas por la actividad de sus
dueños; si eran agricultores hay salas para guardan aperos
de labranza y granos, además de la destinada a lagar, bodega
e, incluso, en muchas ocasiones, establo. Los gruesos muros aislaban de
la humedad y del calor exterior y soportaban el peso de la
edificación. En la parte alta, en cambio, estaba realmente
la vivienda. La parte principal era la cocina, que hacía
también de comedor; a su lado estaban las habitaciones que
servían de dormitorios; éstos eran generalmente
pequeños y con poca ventilación. Los vanos eran
escasos y, en parte, dependía de la separación a
que se pusiesen las maderas en la planta superior. Si bien
había casas con una cocina con chimenea adosada al muro, en
otras el fuego se hacía a tejavana y en el exterior no era
necesaria la chimenea.
Los barrios típicos
son los que aún hoy conservan más edificaciones
de esta clase; es imprescindible una visita a el Canchal y
al barrio
de la
Nava;
allí se encuentran ejemplares de un tipo de arquitectura que
fue plasmada, después de la guerra, con mucho
interés, en los lienzos de los pintores de la escuela de
Vallecas, porque, junto a la ingeniosidad de las soluciones
constructivas y a los juegos de perspectivas, el cuadro se
podía cerrar con el fondo serrano de Gredos en el que
había lugar tanto para el cromatismo de los
árboles como para la blancura de la nieve.