Arquitectura
El diseño del
palacio, en un principio encargado a Ventura Rodríguez, es
obra de los hermanos Diego e Ignacio Thomás, aunque luego
consta como arquitecto, cuando se edifica Mateo Guill. Se inicia la
construcción en 1779 y, en 1783, se recorta la
edificación del proyecto, aunque es posible que se pensase
en una pronta continuación pues en vez de rematar los
extremos quedan visibles, como están aún hoy
día, los puntos dejados para engarzar una parte con la otra.
El palacio se
caracteriza
por tener, en su diseño, estructura neoclásica en
la que la simetría es un elemento fundamental. La obra
quedó inacabada por lo que se puede contemplar es una parte
de la totalidad que apenas supera la mitad de lo proyectado puesto que
de los 3086 m2 sólo se construyeron
1844 m2.

Proyecto del Palacio de La Mosquera
La masa
arquitectónica que se pensaba levantar tendría
una planta rectangular con torreones en cada una de las cuatro
esquinas; por estar inacabado el edificio solamente se pueden
contemplar dos de ellos. La fachada principal estaría
formada por un gran lienzo en el que se distribuirían de
forma simétrica los vanos a partir de un eje que se
formaría en la mitad de la puerta. Esta tiene un
pórtico protector que sostiene un gran balcón con
balaustrada sostenido por sólidos lienzos junto a los que se
adosan seis grandes columnas dóricas; el pórtico
consta de un gran arco semicircular en el centro y de dos vanos
rectangulares en los laterales; sobre ellos un vano circular. En el
centro, en correspondencia con el arco, hay una gran puerta de arco de
medio punto; junto a la puerta principal hay otras dos, adinteladas,
más pequeñas.
La entrada da acceso a
un gran
vestíbulo cuya techumbre está sostenida por
grandes pilares cuadrangulares; de la zona central arranca una gran
escalinata de piedra sobre la que colgaba una gran lámpara.
En la planta central
están los
grandes aposentos, estancias
y la capilla, pues era la parte más noble, mientras que la
alta se edifica para vivienda de la servidumbre de acuerdo con los usos
de los palacios, concretamente del Real de Madrid, con el que tiene
cierta semejanza. Una parte de las dependencias se vuelcan hacia el
exterior y otras se organizan en torno a un patio -al estar sin acabar
la construcción falta otro- que ilumina las estancias y, con
su fuente, da quietud a la vivienda.
Da
más realce al palacio la situación sobre una
amplia explanada en lo alto de Las Mosquera que permitía
tener tanto un jardín delante de la mansión como
zonas campestres para los animales domésticos entre los que
destacaban los caballos indispensables para los tiros de los
carruajes. Para animales y sirvientes de más baja categoría
mandó edificar también la Casa de Oficios un poco
retirada del palacio.

Por su ubicación, desde
él se
contempla una
amplia panorámica hacia el sur, en primer término
todo el caserío urbano del pueblo, y, por la parte de
atrás las bravías crestas serranas y los verdes
pinares que tanta atracción ejercían sobre el
Infante por ser sumamente aficionado a la caza.
Vida Cultural
El carácter
ilustrado del Infante
le
permitió poseer una excelente biblioteca, un gabinete de
Ciencias Naturales y una notable pinacoteca; de acuerdo con la
importancia de la pintura como medio para pasar a la posteriodad, hizo
venir a Francisco de Goya
en los veranos del 83 y del 84 para retratar a los
miembros de la familia tanto de forma individual como colectiva en un
cuadro de grandes proporciones
(2,48 X 3,30 m.) como es La
familia del Infante D. Luis,
cuadro que actualmente pertenece a la Fundación Magnani
Roca, de Parma, Italia. También pintó el Retrato de Dª Mª Teresa de
Villábriga y el Retrato del Infante.
Por su afición a la
música tenía una orquesta de cámara al
frente de la cual estuvo Luigi
Boccherini. En los 9 años que estuvo, el
compositor italiano compondrá la mayoría de su peculiar colección de
quintetos de cuerda con dos violoncelos, así como numerosos cuartetos,
sinfonías, tríos, etc., una primera versión de su Stabat Mater y 9
Villancicos.