SAN PEDRO de ALCÁNTARA
Ver
Santuario
de San Pedro de Alcántara
La estancia de fray
Pedro de
Alcántara en Arenas fue muy corta, sin embargo, su
atración por el lugar fue tal que encontrándose
enfermo de gravedad mandó que, desde Oropesa, fuese
trasladado a Arenas, lugar en el que había hecho su
última fundación conventual.
El Santo había
nacido en
Alcántara en 1499 y se le puso el nombre de Juan de
Sanabria. En su pueblo natal hace los primeros estudios en los que
demuestra actitudes para proseguir los superiores, para lo cual marcha
a Salamanca; sin embargo en esta ciudad, a los dieciséis
años, decidió seguir la vocación
religiosa por lo que se trasladó al convento que los
franciscanos tenían en la provincia de Cáceres,
en Los Majaretes, donde profesó tras pasar el año
de noviciado en 1516. En este acto, de acuerdo con la costumbre, se
cambió de nombre y adoptó el de Pedro.
A partir de esa fecha se
prepara
para el sacerdocio con estudios tanto de teología como de
derecho canónico y con la práctica de las normas
ascéticas y de espiritualidad propias de la Orden a que
pertenecía, por lo que tras recibir las Ordenes Menores fue
ordenado sacerdote el año 1524.
Desempeñó cargos dentro la
organización interna de la Orden; así sabemos que
fue elegido guardián del convento de San Onofre de la Lapa
(Zafra, Badajoz) en 1532 y tuvo que participar, en 1534, en la
solución de los conflictos que se ocasionaban en varios sectores de la
Orden.
No sólo
ocupó
cargos en diversos conventos de los franciscanos en Extremadura sino
que pasó varios años, entre 1541 y 1543, dedicado
a fundaciones de rigurosa espirtualidad y penitencia en Portugal, en la
Arrábida, bajo la protección de la
monarquía portuguesa con la que tenía contactos
epistolares desde varios años antes.
Parte de su vida
contemplativa
y
eremítica la pasa en los minúsculos conventos de
El Palancar y el de Santa Cruz (Cáceres) entre los
años 1554 y 1558; allí la pobreza y la penitencia
eran norma de vida. Este último año se le
desestimó la autorización que tenía
para la vida eremítica y le nombraron Comisario General de
los Conventuales reformados. El año siguiente se publica en
Lisboa su libro Tratado
de oración y meditación.
Esta
vida de
contemplación no era obstáculo para estar en
relaciones con muchas personas por vía epistolar e, incluso,
para hacer largos viajes, generalmente a pie, especialmente por
Extremadura. Hay testimonios de una entrevista con Carlos V en
Yuste. Por donde iba dejaba su
rastro de santidad, caminaba descalzo, y se contaban los prodigios que
ocurrían en torno a su persona como serían pasar
el Tiétar sobre las aguas, el no mojarse en plena tormenta o
el que la nieve formase una pequeña cavidad a su alrededor
en el Puerto del Pico cuando regresaba de un viaje a Ávila.
En 1560 se encuentra con
Santa
Teresa en casa de Doña
Guiomar de Ulloa y trata sobre la fundación del convento de
Arenas, tras haber concluido antes las del convento de La Viciosa y del
Rosario en términos de Oropesa. Pedro
de Alcántara tranquiliza y asegura el espíritu de Teresa de Jesús, y
entre ambos santos surge una profunda y sincera amistad: en adelante,
él es el consejero fiel de la santa y quien la orienta y le da el
impulso definitivo para iniciar la reforma del Carmelo con la fundación
del convento de San José de Avila; y fray Pedro abre su corazón a la
Madre Teresa, que será su primer biógrafo, dedicándole tres capítulos
de su Autobiografía.
Es probablemente con
ocasión de este viaje, de paso para Avila, cuando Pedro de Alcántara
conoce en Arenas la ermita de San Andrés del Monte, a poco más de dos
kilómetros de la villa. Levantada en el primer tercio del siglo XVI,
era ésta una pequeña edificación de poco más de treinta metros
cuadrados, de estilo gótico isabelino. La cofradía arenense de San
Andrés se la ofrece para la fundación de un nuevo convento de su
reforma. Cuentan las crónicas que tanto agradó al santo el lugar que
exclamó: «Dios tiene grandes designios sobre este lugar».

De
ahora en adelante Arenas y su comarca experimentarán las riquezas del
apostolado y el ejemplo de la vida de fray Pedro, que fija su
residencia en Arenas en la primavera de 1562.Viajaba, en un asnillo, a
Ávila, Oropesa
y al convento de Ntra. Sra. del Rosario, situado en las proximidades
del actual pantano del Rosarito. Mientras se
construía el
pequeño convento, vivía en una casa que tenía la
cofradía del mismo nombre en el pueblo y que
después se convirtió en Enfermería.
Glorioso Tránsito
Ante
el agravarse de su enfermedad, el 12 de octubre se hace llevar a
Arenas, donde quiere recibir la muerte rodeado de sus hermanos. En el
amanecer del 18 de octubre, alegre de verse ya de partida para la
gloria, después de pedir perdón a su cuerpo por las asperezas y rigores
con que le había tratado todo el tiempo de su vida, comenzó a rezar el
salmo «miserere», quedándose absorto en la contemplación de la Trinidad
y de la Virgen María. Vuelto en sí, y diciendo: «¡Qué alegría cuando me
dijeron, vamos a la casa del Señor!», entregaba su espíritu.
La
noticia de su muerte se difundió inmediatamente por toda la comarca.
Las gentes de Arenas y sus alrededores acudieron en masa a dar su
último adiós a aquel de cuya compañía, amistad, favores espirituales y
testimonio de vida habían gozado, y al que todos consideraban santo.
Se le entierra en la
iglesia
del
convento llamado entonces de San Andrés del Monte. Con
motivo de su beatificación, la villa lo declara
patrón en 1622, e hizo voto de tener por día de fiesta perpetuamente el
19 de octubre de cada año.
Su
canonización por Clemente IX, en 1669, universalizó su historia
personal, su santidad y su culto. En 1674 era nombrado patrono de la
diócesis de Coria-Cáceres; en 1752 se colocaba en la Basílica Vaticana,
en Roma, una gran estatua del santo, obra de Francisco de Vergara,
privilegio reservado a los grandes fundadores de órdenes religiosas,
concedido a él y a Teresa de Jesús; en 1757 se puso la primera piedra
de la capilla que había de acoger definitivamente sus restos en su
convento de Arenas, obra del arquitecto real Ventura Rodríguez. En 1826
fue declarado patrono del Brasil, y en 1962 lo era de Extremadura,
compartiendo patronazgo con la Virgen de Guadalupe.
|