Condestable
Rui López
Dávalos
Nacido
en Úbeda en 1357 fue el primer
señor de
Arenas. Fue una persona que consiguió pasar, gracias a su
valentía personal en la lucha y a su habilidad para las
maniobras políticas, del oscuro lugar al que le
correspondía por su nacimiento al lugar preeminente del
reino castellano: el de Condestable. Por su influencia, cuando es
valido del Rey, consigue la segregación de las aldeas
principales del Valle del Tiétar del concejo de
Ávila en 1393; más que buscar el inicio de la
autonomía de los concejos de Arenas, Candeleda,
Mombeltrán -entonces El Colmenar- y La Adrada pudo muy bien
hacerlo para poder añadírselas al
número de sus señoríos pues, en 1395,
consigue que el Rey se las entregue para su propio beneficio,
atraído, sin duda, por la importancia que estos
términos tenían para la ganadería y
por la situación de los mismos en la ruta de la
trashumancia. Para el control de este extenso territorio manda
construir el Castillo.
En 1397, tras pacificar
los
conflictos internos en el reino de Murcia, consigue el
título de Adelantado de Murcia. Se arropa en misiones
difíciles en los suyos a los que premia con grandes
prebendas por lo que se atrae la envidia de los nobles quienes
protestan y consiguen para él un castigo en 1400: que pase
un par de años en su villa de Arenas sin poder intervenir en
los negocios de la Corte. Es un tiempo que aprovecha para adelantar la
construcción del castillo exigiendo a los
súbditos de la comarca su colaboración directa o
indirecta con obligada cesión de animales para el traslado
de los materiales.
Con Enrique III alcanza
sus
máximas dignidades hasta el extremo de que figura en el
Consejo de Regencia en el periodo de minoridad de Juan II junto con el
Infante D. Fernando con quien estará al frente de la toma de
Antequera. Participa, en Tordesillas, junto con el Infante D. Enrique
de Aragón, en el secuestro del rey don Juan (1420); al
conseguir liberar los castellanos al Rey, liderados por D.
Álvaro de Luna, caen el prestigio y solidez de
López Dávalos. Para salvar su vida,
abandonó, desterrado, Castilla y se refugió, en
1423, en tierras del reino aragonés.
Sus bienes antes de que
muriese ya se habían repartido entre
los que habían ascendido en la Corte. El Valle del
Tiétar desde entonces ya no estuvo, en unas solas manos,
sino que pasó a depender de varios señores:
Arenas pasó al señorío del Conde
Benavente, D. Rodrigo Alonso Pimentel; Candeleda pasó a don
Pedro de Zúñiga; Mombeltrán al Infante
D. Juan y La Adrada para don Álvaro de Luna.
Murió Rui López Dávalos en Valencia en
1428.

Don
Álvaro de Luna
Álvaro
de Luna, nacido en la localidad de Cañete probablemente
en el año 1390, pertenecía a una familia de origen aragonés que, desde
finales del siglo XIV, se hallaba al servicio de los Reyes de castilla.
Él era hijo bastardo de uno de los sobrinos del pontífice Benedicto
XIII (el Papa Luna), pero tuvo la fortuna de ser reconocido por su
padre. Sus principales rasgos eran, según nos han transmitido los
cronistas de aquella época, cuerpo pequeño e muy
derecho, capacidad de invención, buen cabalgador, atrevido y esforzado
en la guerra.
Por llegar a
ser
el valido del
rey D. Juan II de Castilla en muchos lugares se menciona el castillo de
Arenas como castillo de D. Álvaro de Luna, sin embargo, el
Condestable no fue nunca el señor de la fortaleza sino que
ésta perteneció a su segunda mujer,
doña
Juana de
Pimentel, quien recibió el
señorío de Arenas y sus aldeas como dote con que
la enriqueció su padre el conde de Benavente a la hora del
matrimonio.
D. Alvaro se
encumbró de la nada gracias a sus inteligencia, habilidad,
valentía... cualidades que junto a otras le fueron
necesarias para saber enfrentarse, en defensa de la
monarquía, a los nobles de su tiempo más
preocupados por el bien propio que por el general. Fue el suyo un
tiempo borrascoso, de continuas luchas y rivalidades entre los nobles,
muchos de los cuales se aliaron, como el Condestable
Dávalos, con los Infantes de Aragón, D. Juan y D.
Enrique, que, por ser hijos de Fernando de Antequera,
tenían, por la ascendencia paterna, muchos intereses en las
tierras castellanas.
D. Alvaro es el mejor
defensor de la monarquía frente a la nobleza levantisca; se
ganó el afecto del Rey en cuanto llegó a la corte
en 1408 y, en seguida, también envidias que iban en aumento
a medida que alcanzaba más poder; luego éstas
fueron el germen de mayores intrigas. Como premio a su valiente defensa
del Rey, con riesgo de su vida en numerosas ocasiones,
recibirá numerosas mercedes, villas y castillos, las cuales
despertarán continuamente la envidia de la nobleza;
ésta intrigará una y otra vez y así en
varios momentos de su vida D. Álvaro es condenado a estar
desterrado de la corte, incluso condenado a no poder escribirse con el
Rey ni a interesarse por los asuntos de la Corona, todo ello para
eliminar su influencia sobre el Rey.
Cuando consigue
expulsar
definitivamente a los Infantes de Aragón, tras la batalla de
Olmedo (1445) de la que él sale premiado como Maestre de
Santiago, parece llegar a la cumbre de su poder y al propiciar la boda
del rey viudo con doña Isabel de Portugal empieza a cavar,
sin saberlo, su propia caída pues la Reina
tratará de cortar la influencia que tenía sobre
el Rey. En el Valle del Tiétar al
señorío de La Adrada consiguió unir el
de Mombeltrán, entonces llamado El Colmenar.
Turbias asechanzas
movidas por
nobles envidiosos hacia quien
había conseguido una gran fortuna de la que era exponente la
magnificencia de su castillo y las riquezas que atesoraba, conocidas
como "el tesoro de Escalona" le llevarán al
patíbulo en 1453.
La
pena
de muerte incluía la pérdida de títulos y confiscación de
bienes, la
deshonra de la familia, y la humillación de ser sepultados sus restos a
las afueras de la ciudad, como a los malhechores; aunque pocos días
después, a petición del rey, fueron trasladados al monasterio de San
Francisco, dentro de la ciudad. Años después, durante el reinado de
Isabel la Católica, se permitiría que sus restos y los de su esposa,
Juana Pimentel, reposaran en el lugar que había elegido: la catedral de
Toledo, en la capilla de Santiago.

La
Triste Condesa Doña Juana de Pimentel
Al casarse con D.
Alvaro, el
padre de Doña Juana, el conde de Benavente, don Rodrigo
Alonso Pimentel le regala a la hija, como dote, el
señorío de Arenas, el cual lo había
recibido, como donación regia, en 1423 tras caer en
desgracia el Condestable López Dávalos.
Doña Juana
vivió parte de su vida matrimonial en Escalona y en otros
lugares siguiendo la vida cortesana, salteada con frecuentes conflictos
armados, generalmente de la nobleza levantisca contra el Rey, en los
que participaba su marido; así su segundo hijo
nació en Madrid y fueron sus padrinos los Reyes. Acaso la
visita que les hacen los Reyes en 1450 fue la ocasión para
que admirasen las riquezas del castillo y deseasen para ellos parte del
llamado "tesoro de Escalona".
Tras la muerte en el
cadalso
de su marido, doña Juana lucha por recuperar parte de sus
bienes que le habían sido arrebatados con
autorización regia, pese a ser prima del Rey, por otros
miembros de la nobleza. Como en la mente del rey estaban los bienes del
castillo de Escalona le devuelve algunos bienes confiscados (como
Arenas) y le entrega otros que pertenecían al marido como
Mombeltrán, -entonces conocido como El Colmenar- La Adrada,
Castillo de Bayuela..., a cambio de las dos terceras partes del tesoro
de Escalona. También le entrega dehesas a la otra parte del
Tiétar, frente a Arenas, y en el término
municipal como El Rincón. Al mismo tiempo le reclama,
además, ciudades extremeñas de las que se
había apoderado D. Álvaro.
Doña Juana
pleitea, desde Arenas, por sus estados y toma la decisión de
emparentar, por medio de la boda de su hija, con la casa del Infantado
(en 1460) y se adelanta a los propósitos de Enrique IV quien
deseaba que los bienes de la Condesa pasasen a manos de su valido D.
Diego López Pacheco, Marqués de Villena.
La irritación de
Doña Juana de Pimentel contra Enrique IV llega hasta el
extremo de oponerse a los propósitos regios incluso con las
armas, pues se niega a recibir al Rey quien quiere verla en el castillo
de Montalbán, y ella lo espanta con disparos de "truenos y
lombardas", por lo que éste llega a confiscarle determinados
bienes como la villa de Mombeltrán y La Adrada y se las
entrega a D. Beltrán de la Cueva en 1461 con lo que se
resquebraja la unión que se había establecido con
el Valle del Tiétar oriental. El enfado regio es tan grande
que la condena a ella y a su hijo Juan de Luna a muerte, pero luego,
por intercesión de los Grandes de Castilla, le perdona y le
dona Arenas y otros lugares para ella y sus herederos.
Vivió mucho tiempo en
Arenas y
en su vejez se
trasladó al Guadalajara donde firmó en 1487
donaciones de dehesas y fincas al municipio como agradecimiento por la
contribución de los areneros en la recuperación
de sus estados. Murió en noviembre de 1488 y está
enterrada en la catedral de Toledo, junto a D. Álvaro de
Luna, en la capilla de Santiago.

Infante
Don Luis Alfonso de Borbón y Farnesio
El Infante D.
Luis (1727-1785) era el sexto hijo del rey Felipe V y de su
segunda esposa,
doña Isabel de Farnesio. Si añadimos que el
Monarca había tenido otros cuatro con su primera esposa, se
comprenderá que las posibilidades de ocupar el Trono eran
casi nulas para el Infante, pese a que, a su favor, estaba una
disposición de la Ley Sálica de 1713 que
impedía el acceso a la Corona a dos hermanas mayores que
él. De ahí que, siguiendo una costumbre muy
hispana, pronto se le buscase, dentro de las arcas
eclesiásticas, prebendas que le permitiesen vivir
holgadamente; el Rey consigue que se le asignen los obispados de Toledo
y Sevilla cuando era un niño; a los nueve años ya
le habían concedido el título de Cardenal.
Vive en la Corte hasta
que en
1746 se traslada con su madre al palacio
de La Granja; la incompatibilidad de caracteres entre la reina viuda y
doña Bárbara de Braganza, esposa de su hermano
Fernando VI, es la primera causa que aleja al Infante D. Luis de los
centros de poder. En los bosques del entorno segoviano, en manos ajenas
sus responsabilidades eclesiásticas, se dedica a su
ocupación favorita: la caza.
La muerte de su hermano
el
rey Fernando VI (1759) sin descendencia influye en su destino, pues si
el trono lo pasa a ocupar su hermano Carlos, al que conocemos como
Tercero, el Infante D. Luis A. se coloca como el primero en orden a la
sucesión, puesto que los hijos de Carlos III, que hasta esa
fecha había sido rey de Nápoles,
habían nacido en el extranjero y la ley les
impedía el acceso a la Corona. Sin embargo, Carlos III
tratará por todos los medios de beneficiar a sus hijos
modificando la ley y alejando al Infante D. Luis A. de la Corte al no
permitirle casarse con una mujer de la alta nobleza por lo que
éste, que había renunciado a los
títulos eclesiásticos, tras su boda con
María Teresa Vallabriga en 1776, acaba
instalándose en Arenas. La situación de la
localidad, su clima y unos parajes muy aptos para la afición
favorita del Infante, la caza, son, sin duda, las razones que
justifican su elección. La construcción de un
gran palacio será una de las metas finales de su vida.
Por su afición a la
música tenía una orquesta de cámara al
frente de la cual estuvo Luigi
Boccherini. En los 9 años que estuvo, el
compositor italiano compondrá la mayoría de su peculiar colección de
quintetos de cuerda con dos violoncelos, así como numerosos cuartetos,
sinfonías, tríos, etc., una primera versión de su Stabat Mater y 9
Villancicos.
Y por su
afición a la pintura consigue una colección de
cuadros de pintores famosos, entre los que figuran Luis Morales,
Claudio
Coello, Leonardo da Vinci, Meng, Durero, Velázquez, Rafael,
Tiziano, Juan de Juanes, Zurbarán, Murillo, Ribera y otros
muchos de reconocido prestigio; pero no contento con esto manda llamar
a Goya en
los veranos de 1783 y 1784 y el genial aragonés
pinta cuadros individuales de todos los miembros de la familia y un
cuadro grande con todo el grupo familiar, La familia del Infante D.
Luis. Los hijos posarían, ya adultos otra vez para Goya,
con
los títulos nobiliarios que les correspondieron a ellas
-Duquesa de Chinchón y Duquesa de S. Fernado- y al
primogénito con el de Cardenal de Toledo.

Video
Explicativo
El Infante D. Luis A.
muere en
1783 y, tras ser enterrado inicialmente
en el santuario de San Pedro de Alcántara, sus restos fueron
trasladados a El Escorial en 1800.

Josefina
Carabias
Josefina Carabias,
periodista, fue la primera mujer que formó parte de la
redacción de Unión Radio Madrid. Uno de sus
primeros trabajos radiofónicos fue la
retransmisión desde Salamanca del homenaje al escritor
Miguel de Unamuno. Fue cronista parlamentaria de los diarios Ahora, La
Voz, y después de la guerra, del Informaciones y Ya.
Josefina Carabias fue también corresponsal en Italia.
Josefina Carabias
había publicado, en octubre de 1934, en la revista
“Crónica”, un artículo sobre
el papel de las mujeres en la revolución: una
revolución que todavía no había
estallado, pero que ya se presentía, porque el
artículo se refiere a los sucesos de Asturias. El
artículo empieza así: “Antiguamente las revoluciones las hacían los
hombres. Ahora ya las hacen también las mujeres.”
“Si yo dispusiera de
un sociólogo de confianza –escribió
Josefina Carabias en 1949- le pediría que me explicase la
razón de que el fútbol apasione tanto a las
mujeres; porque, la verdad, por mucho que pienso no doy con ella..."
En su honor, se ha dado
su nombre al nuevo Centro
Cultural de Arenas de San Pedro.
Obras:
- El maestro
Guerrero fue así.
- Como yo los
he visto: encuentros
con
Valle-Inclán, Unamuno, Baroja,
Marañón, Pastora Imperio, Ramiro de Maeztu y
Belmonte.
- Crónicas de
la República:
del optimismo de 1931 a las vísperas de la tragedia de 1936.
- Juan
Belmonte, matador de toros: su
vida
y sus
hazañas.
- Los alemanes
en Francia vistos por
una
española.
- Juan
Belmonte, matador de toros: su
vida
y sus
hazañas.
- Azaña: los
que le llamabamos don
Manuel.
- Tristana.
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Marcelo
Gómez Matías (1885-1967)
Don Marcelo Gómez Matías, párroco de Arenas
desde 1915 hasta 1967.
Realizó
y publicó los siguientes libros: Almanaque Parroquial 1917-1930,
1031-1947, 1948-1956, 1957-1964. (Se pueden consultar en la Biblioteca Pública)
En su nombre, se creó la Fundación

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